lunes, 31 de diciembre de 2007
Armando Sépúlveda
Un brindis por el tío Armando de parte de todos los sepulvedazos regados por el mundo. Y un feliz año (o por lo menos mejor que el acaba).
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Allende
Un acercamiento al tema podría realizarse desde el análisis político, que además podría incorporar consideraciones económicas, sociales, jurídicas… En realidad, cualquiera de una infinidad de enfoques posibles hablaría de una muy intensa experiencia colectiva de hombres concretos.
Se trata además de una experiencia de fuerte confrontación. Un recuerdo que tengo grabado de cuando tenía cinco años es de una propaganda radial: “Chileno: si no quieres que un soldado rojo golpee tu puerta, vota por Frei”. Otra cuña decía: “Chileno: si no quieres ver tanques rojos frente a La Moneda, vota por Frei” (qué ironía). He visto más recientemente propaganda impresa de esa época que advertía a los padres del peligro inminente de que les quitaran sus hijos y los enviaran a Cuba. Estos son sólo pequeños antecedentes de la batalla campal que se desencadenaría unos años más tarde, no sólo en el terreno de los medios de comunicación. También hace poco leía que quien financió esta campaña publicitaria de “prevención del comunismo” fue el gobierno estadounidense, a través de unas organizaciones alemanas. Después la intervención sería más directa. Aunque la izquierda no tuvo tan franco acceso a los medios de comunicación, no fue menos radical.
Seguramente para Nixon, Kissinger y su equipo, se trataba del peligro de que el comunismo comenzara a extenderse en el Continente. Para la izquierda era la posibilidad de comenzar a construir una sociedad socialista. Por otro lado, para los sectores pudientes en Chile se trataba de una verdadera catástrofe que sólo comenzaba con la estatización de las 91empresas más significativas, de la banca, con la nacionalización de la minería del cobre y de las empresas de comunicaciones. Para las clases medias era la conmoción de su estilo de vida y la eliminación de sus posibilidades de ascenso social. Pero para los más pobres era convertirse en sujetos, en dueños del destino del país. Y esto rompió la inercia social y política, y llamó a todo el mundo a concentrarse en lo que pasaba y a actuar de acuerdo a sus convicciones.
La definición desde la etimología de “democracia” es “gobierno del pueblo”, o sea, de la mayoría. Precisamente Aristóteles se manifestaba contra esta idea, en cuanto los pobres son mayoría y un gobierno de los pobres pasará sistemáticamente por encima de un pequeño sector de la sociedad: los ricos. La desigualdad entre ricos y pobres hará que en un sistema democrático se produzca permanentemente la opresión de un sector social por parte de otro y la inestabilidad correspondiente. Mirando las cosas desde la actualidad, habría que sospechar del carácter democrático de nuestras sociedades: los pobres son una mayoría abrumadora y sin embargo las decisiones que se toman desde el gobierno son para fortalecer un orden que afirma y profundiza la desigualdad económica (y a través de ella, la impresionante desigualdad en todos los planos de la vida social).
Yo creo que una sociedad verdaderamente democrática convertiría en sujetos a todos sus ciudadanos. Buscaría incansablemente los canales para su participación en todas las decisiones que les incumban, en todos los terrenos en los que ellos sientan que pueden hablar con propiedad y responsabilidad. Y en nuestras sociedades eso implicaría que particularmente los más pobres se convirtieran en sujetos.
Todo esto lo digo porque creo que este asunto está en el centro del proceso de la Unidad Popular en Chile y del gobierno de Allende, pero también en lo que el papá (al lado de muchos otros) hizo en esos intensos tres años y en lo que aprendió de ahí.
Creo que se ha dicho hasta la saciedad que Allende era un demócrata, y lo era, pero no sólo por su disposición a defender y difundir los principios liberales de la libertad de expresión o de la tolerancia, sino especialmente porque trató de hacerlos encarnar en los sectores humildes al tiempo que contribuía a que se convirtieran en sujeto social. Precisamente ese talante democrático que se difundió en Chile fue lo que permitió que los más pobres se organizaran y convirtieran en fuerza social.
Y Allende fue solo la cima de la pirámide: el proceso de la Unidad Popular —la acción de estos hombres concretos— y todos sus antecedentes, que arraigan en varias décadas anteriores fue un proceso de hacer realidad la democracia. En su forma, en sus métodos, pero también en su contenido.
El papá fue un simpatizante del MIR y luego un militante del Partido Socialista. Pero especialmente fue un militante de este proyecto de volver sujetos a los más pobres. Y fue un militante comprometido hasta la médula (cada vez más), de todos los días, de todo su esfuerzo, en sus esperanzas, en sus expectativas. En este proyecto, además, estableció continuidad y comunicación con el mismo esfuerzo, esperanzas y expectativas del abuelo Eduardo que por un compromiso similar arriesgó su vida y se convirtió finalmente en exiliado.
No sobra decir que el marxismo del papá y sus convicciones socialistas fueron un producto de este proceso, no un antecedente. Su marxismo estuvo más que en la doctrina en el talante de Marx. Primero, en el compromiso de Marx con los más pobres, y segundo en su crítica lapidaria de la doble moral, de los discursos que argumentan el bien común para defender intereses pequeños, que está detrás de todos sus textos. Esa sintonía fundamental lo llevó a leer con gusto a Marx y a tratar de entender y luego enseñar la teoría marxista.
Estos tres años de acción política fueron para el papá (y para mucha gente) como una vida completa. Fueron intensidad, concentración, significaron colocar sus cinco sentidos en entender y actuar. Fueron aprender a situarse en este mundo y entenderlo, conocer cómo es la gente en su sentido más profundo y escondido, darle un sentido a la vida. También fue entregar todo lo que podía entregar. Más de una vez me dijo que era como si el tiempo se hubiera acelerado. Cada día pasaban cosas nuevas y planteaba nuevas situaciones que había que entender, y él estuvo en un lugar privilegiado en cuanto información, discusión y análisis: el comité central del Partido Socialista y su escuela de cuadros. El papá se recorrió Chile de Arica a Punta Arenas. Conoció mucha gente, habló, dictó cursos, escuchó, aprendió. Unas pocas veces tuve el privilegio de acompañarlo y ver con mis propios ojos lo que la gente de poblaciones, del campo o de algunas fábricas hacía, pensaba, discutía. Muchas veces me hizo comentarios sobre discursos, titulares de prensa, comentarios de televisión, actitudes de diferentes personas. Nunca fueron superficiales o de chismografía.
De su experiencia salió un gran aprendizaje y una profunda convicción. Lo más profundo y más firme de él salió de acá.
Se podría hablar tanto de este proceso… pero finalmente creo que el aprendizaje fundamental, la certeza más profunda, estuvo en qué se puede esperar de las personas, dónde está nuestra capacidad de confrontar, discutir, entender y tomar decisiones en común, que precisamente por esto (por ser tomadas en común, por acogernos) nos comprometen, son propias y nos obligan a hacerlas respetar. Y el gran descubrimiento: esa capacidad no está ni solo ni principalmente en los más cultos, en los más informados, en los más inteligentes, en los más estudiados. Está en todos y, especialmente, en los más pobres (cuando se abren las puertas, cuando se crean los canales). Este descubrimiento y esta certeza, probada por tres años que se vivieron como si fueran treinta, no es una idealización de los pobres. También los más pobres, cuando no se abren esas puertas, cuando se bloquean esos canales, se pueden volver los más salvajes, los más inhumanos, los más autoritarios e intransigentes. Y por eso es tan valioso encontrar en la gente del común esos valores y ese compromiso con los demás, aunque la sociedad no los deje aflorar y desarrollarse y les mande permanentemente el mensaje de que son y deben ser animales.
El papá tuvo el privilegio de haber vivido tanto esa experiencia como su aplastamiento, y en ese sentido tuvo un doble aprendizaje.
Y esto es la clave para entender quién fue esa persona que volvió a Colombia en 1973. Derrotada aplastantemente, con convicciones profundas, firmes y fundadas en una intensa experiencia, y también con la sensación de que hay mucho por hacer. Otros exiliados cuando salieron buscaron vínculos con los que se quedaron, establecieron lazos entre ellos en el exterior, realizaron todo tipo de actividades (de propaganda, de financiación); de cierta forma buscaron “continuar la lucha”. Y hubo también otros que, renunciando o no formalmente a su sello ideológico, dieron un vuelco radical a lo que había sido su vida, abandonando u olvidando sus antiguas convicciones. A diferencia de los primeros, creo que el papá llegó con la convicción de que en los términos en que se había planteado, esa lucha no era posible de ganar; y creo que llegó también con la convicción de que la tarea indispensable de pensar las cosas de otra manera estaba más allá de su capacidad. Pero a diferencia de los segundos el papá llegó con unas convicciones muy profundas, que rebasaban el sello ideológico del marxismo, que lo llevaron a ser muy firme en sus posiciones políticas, hasta su muerte. Creo que esta combinación de convicción férrea (que jamás se confundió en él con dogmatismo) y de impotencia política, le llevó a relajarse en términos de sus posibilidades de acción y lo llevó a proponerse disfrutar lo que la vida nos da, al tiempo que asumía con absoluta rigurosidad la vida académica. Sus clases fueron el camino que encontró para darle curso a estas convicciones de una forma útil. No es por casualidad que hiciera clases hasta último momento.
Los tres hermanos menores conocieron parcialmente a este papá. A un tipo en el que coexistían características importantes pero (aparentemente) no relacionadas: rigurosidad académica ejemplar, hedonismo, control estricto de los asuntos de plata (para precisamente poder disfrutar la vida).
La historia que debería seguir acá sería la de su salida de Chile, su llegada e instalación en Armenia. Había pensado contar lo poco que sé de Patricia Montti, la mamá de los gemelos, y de Rosa Falla, la mamá de Diego, y quizás un poco de mi mamá. También mencionar cuál fue la reorientación de la vida del papá, quiénes fueron sus amigos y adversarios, qué lugar ocupan aquí sus escritos, sus estudios, su actividad académica como profesor o conferenciante, a qué se dedicó sus últimos años de actividad intelectual, que tuve el privilegio de compartir.
Pero hasta aquí llego en este blog. Espero organizar una página web con parte de la información que recuperé del computador del papá, dirigida más bien a sus exalumnos y colegas de la Universidad. Estoy a disposición de quien quiera saber algo más del papá desde mi perspectiva, pero si sucede será a través del contacto directo. Álvaro y Emilio me han hecho saber que lo escrito ha sido importante para ellos y esa es mi mejor recompensa.
sábado, 13 de octubre de 2007
Que tengas mucha mucha alegría

La tremenda importancia que puede llegar a tener un cumpleaños es algo que aprendí de ti. Entre los recuerdos mas felices de mi infancia y adolescencia están los cumpleaños, bien reídos y bien comidos contigo, ya fuera mío, tuyo o de mi mamá. Siempre cantabas el Cumpleaños Feliz con inmensa alegría y ritmo, lo que te faltaba en entonación lo suplías con entusiasmo. Te brillaban los ojos con esa vitalidad tan tuya.
Creo que si hiciera un esfuerzo podría recordar uno a uno los cumpleaños que celebramos juntos, pero prefiero dejar mi memoria así, con ese continuo y confuso recuerdo anudado a la palabra cumpleaños. Ya sea en nuestra casa, alguno de tus apartamentos o en un buen restaurante. Recuerdo particularmente el que celebramos en el hotel Meliá en Pereira, creo que fue de mi mamá, la comida fue deliciosa (como siempre) y disfrutamos de la piscina de agua corriente que hay allí. Ese recuerdo se funde con el de otro cumpleaños, esta vez mío, en el que le pedimos a los muy estirados músicos del restaurante que tocaran algo de Rock y nos entretuvieron con “Dust in the wind” versión para cuerdas....jejeje. Recuerdo un cumpleaños tuyo en el que comimos toneladas de carne de res acompañadas de buen vino y conversación continua hasta la madrugada.
Me queda ese convencimiento de que el cumpleaños es el día especial de cada uno, es el día donde los demás deben procurar que el homenajeado sea lo mas feliz posible. Yo no sé si quede algo del Yo después de la muerte, o si sólo persiste uno en la memoria ajena, como sea papá, hoy te recuerdo con cariño y nostalgia, voy a brindar por ti y voy a cantarte el cumpleaños, haré mi mejor esfuerzo para que me salga tan bien como a ti.
Que tengas mucha mucha alegría que tengas mucha felicidad..........cumpleaños felices te deseamos a ti.
Diego
Cumpleaños de el papa Octubre 13
Gracias a ti pude entrar a este mundo, tu diste tu parte y yo tengo algo de ti en mi, dejaste parte de tu ser en nosotros, que somos tus hijos.
Gracias a ti estamos en este mundo y tenemos vida, conciencia, inteligencia, pasión, cariño, firmeza, piedad, flaqueza, felicidad y muchas cosas más que nos hacen ser humanos.
Quiero dedicarte esta nota para decirte que me siento muy feliz de poder haber tenido un padre tan especial como lo fuiste tú para mi y mis hermanos.
Nos diste cariño y apoyo cuando lo necesitamos, me enseñaste a querer la vida, a ser justo con los demás, a querer hacer lo que a uno lo hace feliz en la vida.
Siempre te tuve admiración, por tu conocimiento e inteligencia, por ese amor a la vida, por los buenos amigos que tuviste y conocimos, por la sencillez que nos enseñaste.
Fuiste un gran personaje que llego lejos y se hizo querer por los que te rodeaban, muchos buscaban tu ayuda y tú se las brindaste.
Desde chico me acuerdo de ese papa que llegaba de sus viajes y nos traía cosas, de ese padre que trato de enseñarnos ese amor por los libros que el tenia, ese padre que corría cuando Gonzalo se accidento, preocupado por un hijo, por ese amor de padre que sentimos por los hijos.
También me acuerdo cuando hubo un terremoto en Chile y nos sacaste al patio corriendo, también ahí uno siente la preocupación de un padre por sus hijos.
Me acuerdo de los viajes que hacíamos cuando teníamos las vacaciones de verano, cuando íbamos a la playa, lo pasábamos tan bien, y ahí queda el recuerdo de la juventud.
Después viene el viaje a Colombia, cuando llegamos a un lugar diferente y conocimos el lugar de tu infancia, donde tu te criaste, que lugar tan lindo, lleno de vida de verdor de naturaleza.
Me acuerdo que no teníamos mucho cuando recién llegamos, y tu improvisaste unas sillas y unas mesas, nunca te vi como un persona manual pero lo que hiciste quedo bien, funciono mientras lo necesitamos.
Esa época de Armenia fue increíble, pasamos la adolescencia en un país nuevo lleno de aventuras y cosas novedosas. Me acuerdo de esas reuniones que hacías con los profesores, cuando hablaban de política y nosotros encantados escuchando y aprendiendo del mundo de la filosofía y política.
Fueron tiempos inolvidables, nunca nos olvidaremos y te agradezco que me diste esas experiencias, para mi son recuerdos muy gratos.
Después viene tu llegada aquí a los Estados Unidos, yo vine contigo y me quede en New York donde compartí con algunos tíos y la tía Mariela, y me acuerdo cuando fuimos a Ohio para aprender Ingles, también fue época de descubrimiento para mi, aprender un nuevo idioma, compartir con gente de aquí y con el grupo de estudiantes de Latinoamérica. Me acuerdo cuando fuimos a Chicago, que lindo viaje.
Me acuerdo de esa vez que escuchamos a un grupo de Jazz en vivo y yo era menor de edad pero la dueña del local me dejo entrar de todas maneras.
También me acuerdo del cariño que los compañeros mostraron por ti, todos te pidieron que dieras el discurso de despedida, cuando ya se había completado el semestre. Todavía tengo los recuerdos frescos en mi memoria.
Después viene la venida a Arizona cuando vivíamos en el Oasis, un apartamento cerca de la universidad, aquí seguimos con buenos amigos de todas partes, de México, de Bolivia, de Colombia, nunca falto ambiente.
Me acuerdo de tus trasnochadas estudiando, leyendo y después te ponías a escribir y me acuerdo que en esa época lo que escribías lo pasaba a maquina la mama, y me acuerdo de esos enredos de escritura que a la mama le tocaba descifrar. Y cuando había que cambiar algo, había que hacer la página completa.
Me acuerdo mucho que después compraste un computador, que en esa época eran gigantes, pero lo bueno era que lo que se escribía se podía guardar, pero una vez cuando habían escrito varias paginas decidieron tomar un descanso, y cuando apagaron la luz de el cuarto, se apago la computadora y se perdió todo ya que no se había guardado lo escrito todavía.
También me acuerdo que te encantaba ir al Chilito un restaurante Mexicano donde vendían margaritas y alitas de pollo. Mantenías soñando con ese lugar.
Después volviste a Colombia y mis recuerdos son de la gran atención que me brindaste cuando viajaba a Armenia. Nos sacabas a pasear, te preocupabas de que estuviera bien, eras el mejor anfitrión padre que cualquier hijo pueda tener.
Y también me acuerdo de los viajes para acá. Cuando nació Juliana, me acuerdo mucho de esa gran alegría que te dio cuando la viste por primera vez. Para mi fue algo muy importante que hayas podido estar aquí. Siento que no hayas podido conocer a Daniel en persona, casi lo conoces, teníamos todo preparado para tu llegada, yo te iba a ir a buscar a Los Angeles y me tome unos días libres para poder ir a buscarte a los Angeles y recordar los tiempos pasados cuando viajamos en épocas anteriores. El plan era ese, pasarlo padre e hijo juntos quizás una ultima vez aquí en Estados Unidos, tal vez tu sabias que podías no volver, no se pero nunca dude en que podíamos compartir un recuerdo en esa ciudad, eso en parte me hizo sentir tu muerte muy fuertemente, yo tenia la nostalgia de esos tiempos en que estuviste aquí y cuando recorrimos California y acampamos cerca de la playa. Cuando fuimos a Disneylandia y tú gozaste tanto, como si nos volviésemos niños otra vez, compartiendo y disfrutando la vida. No pudimos repetir eso, todavía me afecta mucho, pero quiero que sepas que me da mucha felicidad el pensar que nos mantuvimos en contacto por teléfono casi hasta el día de tu muerte, y lo mas lindo es que estábamos bien, ningún problema, cuando hablamos tu querías saber de mi y mi familia y siempre me preguntabas si era feliz por que me decías que eso era lo mas importante en la vida, ser feliz. Yo también pude hablar contigo cosas como lo de tu salud y como te sentías, y eso me ayuda mucho, supe que estuviste feliz hasta el ultimo momento, de echo me dijiste en una conversación unos días antes de tu despedida final, que te sentías feliz de haber podido haber echo ese viaje a China, que alegría que estuviste feliz antes de tu partida, no tuviste que hacer diálisis, no quedaste en una cama sin poder moverte, llegaste al final de el camino en un forma que tu hubieras querido, con bonitos recuerdos. Yo por mi parte quede sin poder verte después de algunos años, pero me queda el recuerdo cuando nos vimos la última vez que fuimos a Colombia.
Papa, te deseo un feliz cumpleaños, y aunque se que no estas aquí nuestro recuerdo te acompaña y nunca vas a morir en nuestros corazones, estas vivo como nunca, tu recuerdo vive en nosotros.
viernes, 12 de octubre de 2007
La Canción de Emilio - Vista de Amor
Vista de amor
¿Cuándo es que te veo más, querida?
¿Cuando en la luz los espíritus de mis ojos
Ante tu cara, sus altezas, solemnizan
La adoración de ese Amor a través de ti conocido?
¿O cuando en las horas de crepúsculo (nosotros dos solos,)
Nos besamos, y elegante de respuestas quietas
Tu brillante cara, por media luz ocultada, está,
Y mi alma ve solamente tu alma el suyo?
¡O, amor, mi amor! ¿Si yo jamás veré a ti misma,
Ni en la tierra la sombra de ti,
Ni imagen de tus ojos en la primavera, —
Entonces que tan fuerte sonaría en la ladera obscureciendo de la vida
La tierra-giro de las muertas hojas de la esperanza?
¿El viento del ala inmortal de la muerte?
Lovesight
When do I see thee most, beloved one?
When in the night the spirits of mine eyes
Before thy face, their alter, solemnize
The worship of that Love through thee made known?
Or when, in the dusk hours (we two alone),
Close-kiss’d, and eloquent of still replies
Thy twilight hidden glimmering visage lies,
And my soul sees thy soul its own?
O love, my love! If I no more should see
Thyself, nor on the earth the shadow of thee,
Nor image of thine eyes in any spring,—
How then should sound upon Life’s darkening slope,
The ground-whirl of the parish’d leaves of Hope,
The wind of Death’s imperishable wing?
jueves, 11 de octubre de 2007
"La Paz" Interpretada por Andrés
La Paz
Tiene derecho el Hombre a la ternura,
a la materia de su cuerpo erguido,
al cielo, siempre azul, al propio nido,
al espacio total de su estatura.
Tiene derecho a vino y levadura,
a camino viajero y al perdido,
paraíso de sueños que ha vivido,
tiene, también, derecho a su locura.
Tiene derecho al hijo y a su suerte,
a morir cuando quiera con su muerte,
a su miedo, a su grito, a su pecado.
Pero tiene, además, en su agonía,
el derecho a la paz de cada día,
a la paz que el destino le ha negado.
Guillermo Sepúlveda
Summer Trials (From Emilio's Room)
Summer Trials, Sorrow und Death
The roar of the engine and the taking off of the plane were like the endings of one life and the beginning of a new one. My grandfather was dead, and I had to make the journey to
The airplane’s thunder crashed on as we drove steadily but surly toward our destination. As far as I was concerned, the death of my grandfather had taken place, for all I knew or felt, in an alternate universe; and no matter that we got closer and closer to our final destination, I never felt any closer to the reality of his death.
Hours and hours of travel: for you see, we travelled from
We got all of our suitcases off the carousel and went to go see if my father was there for us yet. I spotted my father first as he waved to us. We all went to him and my uncle hugged him. From there, after we loaded the suitcases into the car, my father drove us in three hours to
At last we stopped at the house of my uncle’s wife’s mother, and there my uncle’s wife, Angélica, stayed the duration of our two week visit, along with their daughter and son, Juliana and Daniel respectively. We moved out all her stuff and gave it to the others to bring in. We sat and enjoyed conversation. The sense of unreality all around me now, though the friendliness of the atmosphere was not dampened.
After the supper, my father drove us to the apartment that had, before his death, belonged to my grandfather. “Fuck. Que lastima que el papá no esté aquí,” said my uncle. He had spoken exactly what I’d been thinking. It was such a shame, I thought, that my grandfather was no longer living in this apartment. When I first came to
We took our bags and went up the stares and opened the door into my grandfather’s apartment, #302. I felt as though I were invading a sacred space that I had no right to. There, even in the dim light, I knew that everything would be just as he’d left it: Meat in the freezer, condiments in the fridge, spaghetti noodles in the cupboards. His television set still in the corner on top of a shelf. Trinkets, knick-knacks, and souvenirs from his life sat on a higher shelf. The table in the dining area was as he’d left it. Not a thing missing. Except for my grandfather.
We were assigned rooms: My uncle in the small room which seemed to have been converted into a small library, and I in my grandfather’s old room. I walked into that room as I walked into a dream: everything as I’d remembered it. I had travelled once, more recently, to
The night had been an ordeal in itself, and every breath I took felt as though it were feeding me more of the same unreality that I had found unacceptable, unpalatable.
That night, my uncle and I were hungry, for we hadn’t had any dinner, so we got out some of the pasta and ate that with barely anything, maybe a pat of frozen tomato sauce that we had to melt with the heat of the spaghetti. Still we managed to get by, though we didn’t get to bed until around
The morning after we arrove, my uncle and I both awoke late. We showered, got dressed and went to go have lunch at Angélica’s parents’ house. I enjoyed the natural scenery. Truly, if there were a place that God had intended to be paradise, it was the city of
I discovered that evening that a Mass that was going to be held on honour of Angélica’s late grandmother at seven that night. After having to wait a time for everybody to be ready, the wives, the children, and my uncle Álvaro, were packed into a car and headed to the small church. I was left to walk there with Angélica’s brother and his wife. We made it just as the Mass was commencing. The sermon was beautiful, and so were the prayers and the singing were exquisite. At the end, the preacher told us to give each other a sign of peace, so we all shook hands and said as we did so, “Peace be with you. Lord be with you.”
Queridos hermanos y Sepúlvedas en general, Emilio me envió esta colaboración para el blog con la intención inicial de traducirla, sin embargo, pienso que debemos disfrutarla en el idioma original, al fin al cabo creo que todos nosotros somos bilingües en mayor o menor medida. La habitación de Emilio:http://tarot86.livejournal.com/6190.html
Diego.
martes, 9 de octubre de 2007
Verónica
Aunque tengo muchos recuerdos de infancia del papá, hay uno particularmente fuerte y (finalmente) doloroso.
Creo que yo tenía siete años cuando el papá me llevó a un paseo raro: subimos las escaleras de un edificio viejo y llegamos a la puerta de un apartamento de donde salió una señora y una muchacha muy joven. La señora me miró con atención. No recuerdo mucho más, pero recuerdo que el papá al salir me preguntó si me había parecido bonita la muchacha y yo le dije que sí. Efectivamente me había parecido muy bonita. Un tiempo después encontré a mi mamá llorando y le pregunté por qué lloraba y me contestó: “porque tu papá quiere a otra mujer”. No pregunté más, pero poco a poco fui asociando esos dos hechos. Mucho después, ya en Colombia, unos años antes de morirse, el papá me habló de Verónica.
Entre otras cosas, me dijo que él se había enamorado de Verónica y que en algún momento tuvo que decidir entre organizarse con ella o seguir con nosotros. Verónica quería organizar su vida y, según parece, después de mantener una relación amorosa de años, le dijo que se iba a casar, le dio la fecha y hora de la ceremonia, y le dijo que si él llegaba en el momento del matrimonio y le decía que prefería estar con ella, dejaba a su futuro marido y se iba con él. Me contó el papá que ese día decidió emborracharse hasta perder la conciencia, para no tener la tentación de llegar a la ceremonia. Sin embargo, creo que hubo algo adicional a la borrachera que le ayudó a “soportar la tentación”: el contexto social y político chileno en el que el papá se había vuelto ya un actor bastante ocupado y que absorbió finalmente todo su tiempo, su inteligencia y sus esfuerzos.
Este proceso fue algo decisivo en la vida del papá, en la vida de mi mamá y de los hermanos hijos de ambos. Pero eso que pasó definió también la misma venida al mundo de los tres menores, que nacieron después del golpe militar. Por eso le quiero dedicar un tiempo a contarle especialmente a los menores, pero también a los demás (porque estaban muy niños para captar bien lo que pasaba), lo que yo sé de ese proceso y de la participación del papá ahí. Es una historia larga y necesito pensar un poco las cosas, así es que no empiezo todavía.
En cambio, sí puedo hablar un poco más de Verónica.
Hace unos años recibí un correo electrónico de una mujer preguntando si yo era Jaime Sepúlveda, colombiano que había estado en Chile en la época de Allende, o que si sería “un alcance de nombre”. Yo lo respondí diciendo que quizás se trataría de mi papá, y le dí el correo de él. Después me enteré que o era Verónica o era alguna persona cercana que finalmente los terminó poniendo en contacto.
Aunque no hablamos mucho al respecto, varias veces el papá me hizo comentarios sobre su reencuentro con Verónica. Fue para ellos un regreso a la juventud. La reaparición del papá produjo en Verónica una crisis familiar que terminó en su separación y en la posibilidad real de que se fuera a vivir con el papá. Varias veces el papá me hizo comentarios respecto al peso y a las consecuencias de diverso tipo que esa decisión podría tener. Lo pensó muy en serio: ahora podía explorar el camino amoroso al que renunció en la época de Allende. Se encontró varias veces con ella, en Argentina y en Chile, y la trajo a Colombia y la presentó a sus amigos (y a mí). Estuvieron en Ecuador y en Brasil. Posteriormente planearon una excursión a la India que el papá tuvo que cancelar por problemas de última hora y al momento de su muerte tenían comprado un pasaje al África.
De acuerdo a lo que puedo interpretar de los comentarios del papá, ellos finalmente no se fueron a vivir juntos por las dudas y vacilaciones de él. Verónica habría esperado una actitud decidida de compromiso y entrega de parte de él, y cuando él vaciló, ella comenzó a retroceder. Las razones de sus vacilaciones fueron de diverso tipo. Para el papá establecer una relación de compromiso y fidelidad era de cierta forma renunciar a su libertad y autonomía, que para él eran fundamentales. Y esa libertad se afirmaba entre otras cosas en la posibilidad real de establecer relaciones amorosas con otras mujeres. Por otro lado él estableció unos vínculos muy fuertes e importantes para él con sus hijos, y una relación de entrega con Verónica habría implicado poner algo de distancia en este vínculo. Además, una convivencia con Verónica en Armenia habría significado, por una parte, una responsabilidad grande de él de sacarla de su entorno y seguramente la obligación de dejarle su pensión. Al respecto me dijo muchas veces que quien tenía derecho a su pensión era la persona que lo había apoyado durante treinta años, sin condiciones ni límites —mi mamá—, y no quería que hubiera riesgo de que ella la perdiera. Pensaba en otras formas de cuidar por el futuro económico de Verónica en caso de vivir juntos (algún seguro, etc.), pero no encontraba algo muy contundente.
Parte de lo que constituye la libertad real es tener varias opciones verdaderamente distintas en cada momento de la vida y el papá procuraba siempre tener un buen número de posibilidades a la mano. Yo creo que él jamás descartó la posibilidad de convivir con Verónica: en Chile (para no arriesgar el derecho de mi mamá a su pensión en Colombia y renunciando a vivir en un entorno de “tentaciones amorosas”), en unos años. Verónica volvió con su marido pero eso no impidió su contacto con el papá ni como dije su plan de ir juntos al África este año.
Después de la muerte del papá tuve un intercambio epistolar con Verónica y me contó algo de su historia. Entre otras, sobre cómo conoció al papá:
Esta historia comenzó un día 14 de Agosto de 1966, yo estaba terminando la secundaria en Chile y Jaime era profesor en la Universidad, tenía 31 años. Yo fui a unas charlas que el daba en Extensión Universitaria sobre filosofía, yo iba con un amigo Elías Tuma que Jaime debe recordarse de él, ahora es profesor en la Universidad Tecnica Santa María de Valparaiso. Al principio para mi no fue nada especial pero se ve como dicen en Chile el me echó el ojo, o sea le gusté.
Yo necesitaba hacer un trabajo sobre marxismo y le pregunté, me citó a un lugar donde daban clases en las Torres de Tajamar, y ahí en un momento con "la chiva" de que tenía una mugre en el ojo me dio un beso.
Salimos de allí y charlamos yo le pregunté su estado civil y me dijo casado pero separado, yo le dije para mi un hombre casado es un hombre muerto, pero como dicen que la boca castiga me enamoré perdidamente de el, al igual que el de mi.
Y también sobre el último año:
Nuestro último encuentro fue en noviembre del año pasado, estuvimos en Los Glaciares, y a pesar de los años que habían pasado y que ya algunos problemillas habían surgido, fue una luna de miel, el renacía como el ave fenix, y volvia a ser joven "arrecho" creo que era la palabra que usaba el, y volviamos ambos a los 20 y 30 o a los años 70.
Estaba maravillado con Los Glaciares, parecía un niño chico. Claro que le gustaba comer de todo y ese era un motivo de problemas porque me decía "mijita o mija dejame que yo se", yo le decía no quiero que te mueras por eso te cuido con las comidas, pero era dificil.
Nuestra relación a pesar de los altibajos del ultimo tiempo, porque yo decidi arreglarme con mi marido porque necesito un compañero con quien compartir cuando me acuesto, por la mañana, y quien mejor que el padre de mis hijos. Jaime siempre me decía yo me voy a morir luego y no quiero que te quedes sola. Creo que tenía razón. Además el tenía mucho miedo a la convivencia, el estaba separado hace 20 años viviendo solo y es dificil la convivencia. Quizás si nos hubiésemos juntado al principio hubiésemos fracasado y en estos momentos no tendría los maravillosos recuerdos que ahora tengo.
Pero a pesar de todo yo había decidido seguir charlando con el y hasta el ultimo momento mientras estuvo en Colombia teníamos interminables charlas, en las cuales no faltaba la linea hot, ya que para el, escuchar mi voz era una incitación al pecado, y disfrutaba de eso, lo cual me tiene muy contenta ahora, murió sabiendo que yo lo amaba, que viajaríamos juntos y que lo nuestro solo terminaría con la muerte.
Bueno que mas queda, quizás mucho por contar, nuestra pelicula favorita "Los puentes de Madison" y el libro favorito "El amor en tiempo del colera", y la musica que nos gustaba a ambos. Hacer crucigramas en la cama.
Aunque no pertenece a esta narración, creo que debo decir que cuando niño supe de Verónica sin saber que era ella, en la forma de roces y problemas de pareja de mis padres antes del golpe militar. Es un recuerdo doloroso. Y sin embargo fue una relación de amor y no significó que mis padres dejaran de quererse. Para mí fue un problema importante para pensar: ¿por qué el amor tenía que generar dolor? ¿por qué tenía que erosionar, resentir, dejar heridas abiertas? Al principio sentí que en realidad (en el mundo) no existía el amor de verdad; algo así como que el pretendido amor era un instrumento para obtener algo, para posar, para engañar. Que en realidad lo que uno buscaba era el placer, el poder, etc. Después me fui dando cuenta de que el amor sí estaba allí, detrás del dolor y la agresión, del poder y el interés. A veces como perro apaleado. Y en este lugar tendría que venir una disquisición sobre cuál es la sociedad en la que vivimos, qué tipo de relaciones familiares la sostienen, y qué ecosistema se desarrolla para la supervivencia o extinción del amor, etc. Es decir, hasta aquí llega este episodio.
domingo, 16 de septiembre de 2007
Continuación
Hace tres semanas terminamos de clasificar papelitos. La tarea que viene es leerlos y comparar con lo que ya está digitado en el computador. Lo que esté digitado se puede botar. Lo otro hay que establecer hasta dónde vale la pena mecanografiarlo para dejarlo a disposición de otras personas: tiene que tener ideas completas, tiene que ser algo más que un apunte para botar. El papá tomaba muchos apuntes para sus clases que luego botaba o dejaba por ahí. Será un tarea un poco dispendiosa. Además estuvimos pasando los discos compactos del papá a formato mp3.
El trabajo va en la mitad. Trataré de hacer un índice de esa música, que es básicamente música clásica, boleros, jazz, bailable y “varios”. Quedará a disposición de todo interesado.
He estado muy triste hoy. Papá sufre mucho. No come casi nada y parece que el esfuerzo que hizo al levantarse lo debilitó mucho. Se antoja por alguna cosa especial y cuando se la preparan no puede pasarla. Ayer quiso comer frisoles con pata de chancho; se las preparó mámá, pero no pudo comerlos. Antes había sido un caldo de cola. Lo más doloroso es que sabe que se muere. El médico le dijo: “llegará el día en que no pueda comer absolutamente nada. Entonces habrá que abrirle un orificio en el estómago (o cerca de él) para alimentarlo. Pero su estado diabético impide una operación, pues le entraría inmediatamente la gangrena. Lo más seguro sería que muriese en la operación”. Él le pidió al médico que le pusiese algo para morir más rápido. El médico le dijo que sólo Dios podía disponer de la vida de un hombre y le dio consejos para fortalecerlo. Claro que ésto sólo mamá lo sabe. Delante de nosotros muestra tranquilidad y ánimo. Yo no sé cómo alegrarle la vida. Creo que a un hombre que espera la muerte nada puede alegrarlo. Tal vez el único consuelo que pueda quedarme es que “vivió” 73 años. En cambio Dianelita, que apenas empezaba a vivir y tenía hijos pequeños, murió quizás entre más sufrimientos. Pero papá sabe que muere; eso es lo terrible. Dianelita parecía no saberlo. La vida de papá ha sido movida y llena de experiencias vitales. Creo que ha sido una vida completa, amasada con virtudes, vicios y sufrimientos. ¡Pero a pesar de tantos razonamientos, el corazón me duele profundamente! Lo único que pienso es que vuelve a la nada, como volveremos todos.
Bogotá, 26 de julio de 1960
Mi amor: No te había escrito antes porque viajé al Quindío.
Me fui de Bogotá en bus, que cobra 11 pesos colombianos. El viaje para mi no fue pesado. Al contrario, constituyó una experiencia maravillosa. Bogotá está situada en una elevadísima meseta; por eso el frío es constante durante todo el año. Cuando uno sale del área urbana empieza el descenso, pasando por una cantidad de pueblitos pintorescos y bellos. La carretera labrada en roca en muchas partes, serpentea orillando abismos insondables que le ponen a uno los pelos de punta. Uno va rodeando montañas y montañas de la cordillera central, viendo paisajes hermosos y sintiendo la grandeza abrumadora de la naturaleza. Sin embargo, el tímido cordón de asfalto que se abre paso entre montes y precipicios, como una rúbrica del hombre sobre una página colosal, calman el ánimo del viajero dándole una grata sensación de seguridad. Después de tres o cuatro horas de descenso llega uno a los llanos del Tolima, fértil departamento azotado por la violencia. Gente buena y calmada; tamales deliciosos; quesos esquisitos, en este granero colombiano. Pasé por Ibagué, donde hace poco se realizó un carnavel folclórico. Aún mostraba restos de su atavío fiestero. (Antes había cruzado Girardot, sobre las aguas del río Magdalena, río inspirador de esa canción: “Río, río, devolvedme el amor mío”). Después de cruzar los valles del Tolima, al entrar a Caldas, empieza de nuevo el titánico descenso por faldas cordilleranas. Rodeando el helado páramo del Tolima (así lo llamé), a 3.200 kilómetros de altura, penetramos en Caldas. Montañas y montañas. De pronto allá, muy abajo una profundidad: la hoya del Quindío. Cuando alcancé a divisar a Calarcá y Armenia sentí que retornaba a la niñez.
Bueno, mi amor, después sigo contándote mis impresiones, pues papá me apura a salir.
Bogotá, 27 de julio de 1960
Elianita: Tú puedes imaginarte fácilmente las emociones despertadas en mi espíritu, al divisar desde las altas montañas la hoya del Quindío. Poco a poco nos acercábamos y veíamos con más claridad las casas blancas de Armenia y Calarcá. Cuando chico muchas veces fui a Calarcá, a vender “El Comercio” o simplemente de paseo, y ahora iba, once años después, como un sentimental que deseaba alimentarse de recuerdos. La misma plaza, las mismas casas, la misma gente buena. Parece increíble que de estos buenos hombres hayan salido asesinos cargados de odio.
La impresión, el sentimiento que me envolvió como vapor sutil, mezcla de remembranzas, de íntimas apetencias, me nublaba los ojos, entorpecía los sentidos, trasladándome a mis días de infancia. Cuando, ya sereno, pude pensar prácticamente, me fui a casa de Alberto, donde fui muy bien recibido. Ligia es tan simpática y buena que uno olvida pronto su falta de belleza, para pensar en su nobleza de carácter. A la media hora de haber llegado, tenía la impresión de conocerla desde hacía mucho tiempo. Tal fue la confianza que me inspiró. Con ellos salí y conocí Calarcá. ¡Qué pueblo más encantador! Los paisajes cordilleranos que lo rodean, los cafetales y platanales, el río, los habitantes, hacen que la estadía se transforme en un sueño encantador.
Días después fui a Armenia. Cuando subí al automóvil, sentí una confusa inquietud. Por la carretera, rodeada de cafetales y arboledas nos acercábamos a la ciudad milagro. Atravesamos el río Quindío y ya empezamos a ver los caseríos. ¡Los mismos de hace once años! Armenia no ha cambiado mucho. Me bajé en la plaza de Bolívar y tomé tinto en el “Caucaya”. Ahí estaba la misma catedral donde me bautizaron. Donde debia estar la casa en que nací, en la 21 frente a la plaza (no sé el número de esa calle), haciendo esquina, había un sitio vacío. Allí fue donde papá puso el Hotel Internacional.
Bajé por la 21. Vi el teatro Yanuba donde iba de chico, y el café El Prado, donde los novios o admiradores de Dianelita nos invitaban a tomar refrescos. Siguiendo por dicha calle llegué a la carrera 19 y allí divisé las casas en que transcurrió mi niñez. ¡Las mismas casas, aunque más viejas y feas! Todo igual que en ese mes de fines del 48, en que papá tuvo que huir para salvar su vida. Allí, en ese momento, sentí que ese mundo maravilloso de hadas y vaqueros, de supermanes y tarzanes, de los Tres Mosqueteros y Sandokán, magnífico y pleno de promesas, se había desvanecido: quedaba la vida dura, quedaba la eterna angustia. Con un sentimiento nostálgico recorrí esa casa vieja y sucia. Estuve en mi pieza, rincón que una vez poblé de sueños. Me asomé al zarzo, donde las sombras y telarañas fueron tantas veces cómplices de mis pequeños delitos, lectura de cuentos, capeo de clases, regreso de salidas nocturnas. Ese zarzo, colmado por un aire de aventura en pretéritos tiempos, me pareció ahora sucio y peligroso. Para convertir este ambiente deprimente en el antiguo: luminoso y bello, me hacía falta esa varita mágica que perdí para siempre: la niñez.
Luego visité a mis parientes pobres y acomodados llevándoles algunos regalitos. Estuvieron felices de verme y abrazarme. Sólo me faltaba encontrar a Norvey, mi amigo de infancia. Fui a su casa y me dijeron que estaba en Popayán y regresaría dentro de la semana, pero no sabían el día. Al día siguiente en la noche, andaba con mi prima visitando la Iglesia del Corazón de Jesús donde hice mi primera comunión; el Rufino, colegio en que estudié un año, cuando de repente nos encontramos. Al principio no lo reconocí. Después pude darme cuenta de que había cambiado poco. ¿Qué me sucedería?
Estuve con él. Fue atento y cariñoso. Sigue con el mismo espíritu aventurero y loco de la niñez. Me mostró un álbum con cientos de fotografías: en el páramo; en el Magdalena; en los Llanos Orientales; en la selva; en fin, en muchas partes de Colombia. La ha recorrido mucho y la conoce bien. Sin embargo, la admiración que antes sentía por él no pude revivirla. Me parece que es otro. La causa, no la sé.
Esta es la historia de mi viaje a Armenia: admiración ante los bellos paisajes, ante la grandeza de la natura; afecto por esas bellas ciudades del Quindío, donde la vida puede ser placentera; añoranza de ese universo encantador de la infancia.
El regreso a Bogotá, tan bello y rico en experiencias como la salida.
Ahora sí puedo extenderme sobre algo que sé te interesa: la familia de Eudel. Fui a visitarlos en cuanto llegué a Calarcá, pero no estaban; habían ido a Armenia. Al día siguiente me puse en contacto con ellos. ¡Qué familia más encantadora! La madre de Eudel es tan bella y tan buena, que sólo puedo alabarla comparándola con la mía. Su hermana, cortés y simpática, es un encanto y su hermano mayor un dechado de sencillez, amabilidad y franqueza. Me atendieron tan bien que me sentí como un duque o un ministro. La madre de Eudel hizo buñuelos, natilla, sancocho, arepas, chocolate, etc., para darme a probar las comidas vernáculas. De más está decirte que me comía todo con voracidad. Estaban agradecidos con nosotros por haberle dado a Eudel ambiente de hogar en nuestra casa. Yo les dije que nosotros éramos los agradecidos, pues Eudel en gran parte había hecho posible mi venida, y había siempre mostrado gran espíritu de cooperación con nosotros.
He puesto estos fragmentos de cartas del papá, porque dan una idea de cómo era él a los 25 años. Además da un visión subjetiva de cómo era Colombia en 1960. Casi no menciona la violencia, que por esa época arrasaba en el Quindío. Cumplía cuatro años de casado, creo que aún no había empezado filosofía y se enrumbaba hacia organizar su vida adulta (económica) en Chile. Llegó Gonzalo y luego Álvaro. Hay muchas anécdotas de esa época. Pero las cosas que empezaban a fraguarse en Chile en esa época le iban a cambiar la vida. También cambiaron nuestra vida y llamaron a este mundo a Andrés, Humberto y Diego.
Quisiera más adelante hablar de la época de Allende. Gonzalo y Álvaro estaban muy pequeños para captar lo que pasaba. Andrés, Humberto y Diego deberían saber algo de unas circunstancias decisivas en la vida del papá.
martes, 28 de agosto de 2007
Algunos de aquellos papelitos
Ya en mi patria, con los pulmones llenos del aire colombiano; con los ojos colmados del verde tropical de mis praderas; con los oidos atentos a captar las alegres melodías de mi tierra, te escribo.
En mi sangre se ha consumado una transformación. Se ha vuelto tropical y poética. Sentimientos encontrados se han separado para dejar pasar una certeza. Soy colombiano y sólo Colombia hace vibrar mi espíritu elevándolo a dimensiones de orgullo.
Sin embargo ese reino de la hospitalidad y el vino; de la amistad como culto; del amor continuado, siempre será mi patria.
(...)
Cuando aterrizamos en Bogotá tuve una impresión inolvidable. En Aeropuerto Internacional “El Dorado” es algo magnífico. Ni en cine he visto algo igual. En Colombia dicen que el mejor aeropuerto de América. Mientras el taxi corría hacia el centro me maravillé con la ciudad. Yo me imaginaba a Bogotá pequeña y es inmensa. Es tan hermosa: edificios modernos, amplas avenidas, lujosos hoteles, plazas bellísimas. Los lugares históricos son muchos. Los alrededores encantadores. Todavía no conozco la Catedral de Sal, ni el Salto del Tequendama. Tampoco he visitado la Quinta de Bolívar. Indudablemente es más hermosa que Santiago y Lima.
Sin embargo mi alegría terminó al llegar a casa. Al subir la escalera vi a mamá. Estaba delgada y pálida, con las huellas del sufrimiento en el rostro. Cuando me vio, sus ojos tristes se iluminaron, me abrazó llorando y diciendo: ¡qué felicidad, Dios mío! Después se puso feliz a contar a todos que yo era el hijo de Chile que venía a verlos.
Cuando entré a la pieza en que viven, vi a papá. Está tan flaco que los huesos se notan bajo la piel suelta; canoso y arrugado. Sus ojos cansados se alegraron cuando me vio. Me arrojé sobre él y lo abracé y besé; se animó mucho con mi llegada y se le salieron algunas lágrimas. Desde que está tan grave se ha puesto sentimental: oye música de hace 20 años y rememora su juventud.
La pieza en que viven es muy grande. Cuando papá estaba bien hizo unas divisiones tan funcionales que están mejor quizás que nosotros en ese apartamento. Y mamá mantiene todo brillante y ordenado. Comen, como nosotros, modestamente, aunque no faltan la leche y los huevos.
Las casas de Armenia producen setecientos pesos colombianos, de los cuales hay que abonar trescientos por pavimentación y derecho a valorización. Les quedan cuatrocientos pesos con los que no se vive a pesar de lo barato que es todo. Armando paga la mitad del arriendo y come a la carta en restaurantes económicos. Les hace regalitos y los mimosea mucho. Sin embargo el trabajo se termina el 15 de julio, pues por una tontería que cometió el contador jefe, los mocharon a todos. Yo no sé cómo van a arreglárselas después.
(...)
Papá vive solo por su orgullo. Se niega a doblar la cerviz bajo los golpes continuados que le asesta la muerte. Un hombre enamorado de la vida, tendido en la cama, con las horas contadas, esforzándose en zafarse del abrazo mortal. Los médicos están atónitos, pasmados. No se explican cómo sobrevivió al coma diabético, contra todas las leyes naturales. Pero el golpe que no logró matarlo lo dejó postrado. Entonces llega el segundo, más fuerte y traicionero: un carcinoma esofágico.
Papá resiste mucho. Esconde su angustia y se niega a morir; el médico ha dicho que poco a poco, como se extingue una vela, gastará sus grasas de reserva y un día se apagará. Su vida torbellinezca y trafagosa volverá a los dominios del no-ser.
Alza tu mano melodiosa
y dibuja en el aire los signos
de la muerte:
el signo claro y sencillo
de la rosa muerta
y el signo tenebroso de un hombre
muerto en paz con Dios y con su muerte.
La muerte de un niño es dulce,
la muerte de un perro es dulce,
la muerte de un grito, de una
abeja es dulce,
pero la muerte de un hombre
es amarga y misteriosa
(Guillermo Sepúlveda)
Continuaré esta transcripción en un par de días.
Se trata de unas cartas que el papá escribió a mi mamá en su primer regreso a Colombia, para llevar al abuelo a Chile.
Tenía 25 años. Estaba estudiando filosofía en la Universidad de Chile. Yo tenía un año y medio. Recuerdo entre brumas y misterios que fuimos a dejar al papá a otra ciudad (Valparaíso) y que él se iba. Es (creo) mi primer recuerdo.
miércoles, 15 de agosto de 2007
La Biblioteca (Desde la habitación de Jaime)

Papelitos y papelitos
El fin de semana pasado me dediqué a clasificar los libros del papá y a buscar entre sus papeles. Mi primer objetivo era (y es, porque el trabajo recién empieza) establecer qué dejó manuscrito que no haya sido digitado, para luego leerlo y decidir si vale la pena ponerlo en el computador y hacerlo circular. También quería ver si hay papeles que pertenezcan a otras personas para devolverlos, si hay facturas o documentos de sus pertenencias, que permitan determinar su valor, si hay fotografías o impresos que puedan tener alguna significación especial para otras personas, etc. Además, ver qué libros hay para establecer posteriormente su destino final.
Buena parte de sus apuntes están en letra de Cielo, quien fue también quien digitó sus últimos resúmenes y esquemas de trabajo. La colaboración entre ellos es antigua y en algún momento dio origen a un libro sobre la calidad de vida de los viejos en Armenia. Cielo se ofreció a ayudarme a clasificar esos innumerables papelitos sueltos y a establecer si ya habían sido digitados. Aunque queda mucho trabajo por delante, avanzamos algo este fin de semana.
Aproveché también para separar mis libros. Cuando estuve viviendo con el papá el 97 llevé mis libros y los puse en su biblioteca y cuando me devolví a Bogotá dejé una buena parte.
Los libros del papá pueden clasificarse por épocas. La primera es su época de estudiante en Chile y los primeros años de profesor (hasta el 70). Aunque se han perdido muchos (especialmente en la modalidad de préstamo sin devolución por olvido), hay unos cuantos libros caros, enciclopédicos, pesados, y otros de trabajo. Casi todos de filosofía, aunque también hay algunos de ciencias.
De su época de Chile también hay muchas ediciones baratas de Editorial Quimantú y otras editoriales, sobre política y también de literatura, que corresponden más al período 70-73.
Luego vienen los libros que compró cuando se radicó en Colombia, que son principalmente de marxismo y de ciencia ficción. Yo diría que son del 73 hasta el 78 más o menos.
Después viene la época de los libros de historia de Colombia, que fue la época que desembocaría en su libro sobre la creación del Departamento y que pasó por un par de artículos publicados en la revista Cuadernos Interdisciplinarios. Esta época es una evolución de su época anterior. En Colombia el debate marxista desembocó, por un lado en el desarrollo de algunas propuestas políticas y por el otro en la profundización en el estudio de la historia nacional. Estos académicos militantes en su juventud son ahora los más destacados historiadores e incluso prestantes funcionarios públicos. Esta época dura hasta principios de la década del ochenta, cuando viajó a Estados Unidos a hacer su doctorado. Aquí también hay un par de colecciones de literatura (latinoamericana y colombiana).
La siguiente época de sus libros es la de ciencias políticas, estadística, sociología, etc. Varios de ellos están en inglés.
Cuando se doctoró, con otros profesores de la universidad trataron de sembrar lo aprendido como un impulso a la investigación en la Universidad del Quindío. Esta fue una época de libros de metodología, epistemología, filosofía de la ciencia, etc. En algún momento el papá pudo decir con absoluta certeza: yo soy el que más sabe en el Quindío sobre investigación.
La época final es de nuevos libros de filosofía. Hegel, Kant, Marx, ética. También hay aquí libros de los últimos autores de moda en literatura.
En resumen, descubrí que los libros del papá se pueden clasificar según sus épocas intelectuales, que están definidas por la academia, la política y el disfrute. No todos los libros se puede clasificar de acuerdo a estas épocas. Pero da una idea de lo que se puede encontrar ahí.
Todavía no hemos definido una distribución de los libros (y cuánto quisiera que no se hiciera, o sea, que esos libros continuaran siendo una sola colección). Pero si hay aquí libros de interés para algunos, cada uno de esos libros seguramente es un punto de encuentro con el papá, con lo que él fue y pensó. No pienso hacer un listado exhaustivo, pero ahí están los temas. Si alguien quiere mayor información sobre algún grupo de libros, estaré a disposición.
La habitación de Jaime se encuentra en: http://sepulveda-pantagruel.blogspot.com/
jueves, 2 de agosto de 2007
viernes, 27 de julio de 2007
Creación
Este blog es un intento de superar fronteras físicas y temporales entre los miembros de la familia Sepúlveda Sepúlveda. En ausencia de nuestro padre debemos buscar todas las maneras posibles de permanecer unidos. En ese caso, por que no aprovechar las bondades de el ciberespacio?
El propósito inicial es disponer de un sitio al que todos los sepúlvedazos tengamos acceso y podamos colgar fotos, música y pensamientos que deseemos compartir con nuestros familiares y en segunda instancia con aquellos visitantes ocasionales que no les moleste dar una vuelta por nuestra casa.
Bienvenidos!

