sábado, 13 de octubre de 2007

Que tengas mucha mucha alegría





Hola Papá, te deseo un feliz cumpleaños, de ahora en adelante los celebraremos en tu ausencia, pero cuentas con la ventaja que ya no hay límite, cumplirás tantos como nos sea dado recordarte.

La tremenda importancia que puede llegar a tener un cumpleaños es algo que aprendí de ti. Entre los recuerdos mas felices de mi infancia y adolescencia están los cumpleaños, bien reídos y bien comidos contigo, ya fuera mío, tuyo o de mi mamá. Siempre cantabas el Cumpleaños Feliz con inmensa alegría y ritmo, lo que te faltaba en entonación lo suplías con entusiasmo. Te brillaban los ojos con esa vitalidad tan tuya.

Creo que si hiciera un esfuerzo podría recordar uno a uno los cumpleaños que celebramos juntos, pero prefiero dejar mi memoria así, con ese continuo y confuso recuerdo anudado a la palabra cumpleaños. Ya sea en nuestra casa, alguno de tus apartamentos o en un buen restaurante. Recuerdo particularmente el que celebramos en el hotel Meliá en Pereira, creo que fue de mi mamá, la comida fue deliciosa (como siempre) y disfrutamos de la piscina de agua corriente que hay allí. Ese recuerdo se funde con el de otro cumpleaños, esta vez mío, en el que le pedimos a los muy estirados músicos del restaurante que tocaran algo de Rock y nos entretuvieron con “Dust in the wind” versión para cuerdas....jejeje. Recuerdo un cumpleaños tuyo en el que comimos toneladas de carne de res acompañadas de buen vino y conversación continua hasta la madrugada.

Me queda ese convencimiento de que el cumpleaños es el día especial de cada uno, es el día donde los demás deben procurar que el homenajeado sea lo mas feliz posible. Yo no sé si quede algo del Yo después de la muerte, o si sólo persiste uno en la memoria ajena, como sea papá, hoy te recuerdo con cariño y nostalgia, voy a brindar por ti y voy a cantarte el cumpleaños, haré mi mejor esfuerzo para que me salga tan bien como a ti.

Que tengas mucha mucha alegría que tengas mucha felicidad..........cumpleaños felices te deseamos a ti.

Diego

Cumpleaños de el papa Octubre 13




Es el cumpleaños del papa y quiero escribirle una dedicación, y aquí va:

Gracias a ti pude entrar a este mundo, tu diste tu parte y yo tengo algo de ti en mi, dejaste parte de tu ser en nosotros, que somos tus hijos.
Gracias a ti estamos en este mundo y tenemos vida, conciencia, inteligencia, pasión, cariño, firmeza, piedad, flaqueza, felicidad y muchas cosas más que nos hacen ser humanos.
Quiero dedicarte esta nota para decirte que me siento muy feliz de poder haber tenido un padre tan especial como lo fuiste tú para mi y mis hermanos.
Nos diste cariño y apoyo cuando lo necesitamos, me enseñaste a querer la vida, a ser justo con los demás, a querer hacer lo que a uno lo hace feliz en la vida.
Siempre te tuve admiración, por tu conocimiento e inteligencia, por ese amor a la vida, por los buenos amigos que tuviste y conocimos, por la sencillez que nos enseñaste.
Fuiste un gran personaje que llego lejos y se hizo querer por los que te rodeaban, muchos buscaban tu ayuda y tú se las brindaste.
Desde chico me acuerdo de ese papa que llegaba de sus viajes y nos traía cosas, de ese padre que trato de enseñarnos ese amor por los libros que el tenia, ese padre que corría cuando Gonzalo se accidento, preocupado por un hijo, por ese amor de padre que sentimos por los hijos.
También me acuerdo cuando hubo un terremoto en Chile y nos sacaste al patio corriendo, también ahí uno siente la preocupación de un padre por sus hijos.
Me acuerdo de los viajes que hacíamos cuando teníamos las vacaciones de verano, cuando íbamos a la playa, lo pasábamos tan bien, y ahí queda el recuerdo de la juventud.
Después viene el viaje a Colombia, cuando llegamos a un lugar diferente y conocimos el lugar de tu infancia, donde tu te criaste, que lugar tan lindo, lleno de vida de verdor de naturaleza.
Me acuerdo que no teníamos mucho cuando recién llegamos, y tu improvisaste unas sillas y unas mesas, nunca te vi como un persona manual pero lo que hiciste quedo bien, funciono mientras lo necesitamos.
Esa época de Armenia fue increíble, pasamos la adolescencia en un país nuevo lleno de aventuras y cosas novedosas. Me acuerdo de esas reuniones que hacías con los profesores, cuando hablaban de política y nosotros encantados escuchando y aprendiendo del mundo de la filosofía y política.
Fueron tiempos inolvidables, nunca nos olvidaremos y te agradezco que me diste esas experiencias, para mi son recuerdos muy gratos.
Después viene tu llegada aquí a los Estados Unidos, yo vine contigo y me quede en New York donde compartí con algunos tíos y la tía Mariela, y me acuerdo cuando fuimos a Ohio para aprender Ingles, también fue época de descubrimiento para mi, aprender un nuevo idioma, compartir con gente de aquí y con el grupo de estudiantes de Latinoamérica. Me acuerdo cuando fuimos a Chicago, que lindo viaje.
Me acuerdo de esa vez que escuchamos a un grupo de Jazz en vivo y yo era menor de edad pero la dueña del local me dejo entrar de todas maneras.
También me acuerdo del cariño que los compañeros mostraron por ti, todos te pidieron que dieras el discurso de despedida, cuando ya se había completado el semestre. Todavía tengo los recuerdos frescos en mi memoria.
Después viene la venida a Arizona cuando vivíamos en el Oasis, un apartamento cerca de la universidad, aquí seguimos con buenos amigos de todas partes, de México, de Bolivia, de Colombia, nunca falto ambiente.
Me acuerdo de tus trasnochadas estudiando, leyendo y después te ponías a escribir y me acuerdo que en esa época lo que escribías lo pasaba a maquina la mama, y me acuerdo de esos enredos de escritura que a la mama le tocaba descifrar. Y cuando había que cambiar algo, había que hacer la página completa.
Me acuerdo mucho que después compraste un computador, que en esa época eran gigantes, pero lo bueno era que lo que se escribía se podía guardar, pero una vez cuando habían escrito varias paginas decidieron tomar un descanso, y cuando apagaron la luz de el cuarto, se apago la computadora y se perdió todo ya que no se había guardado lo escrito todavía.
También me acuerdo que te encantaba ir al Chilito un restaurante Mexicano donde vendían margaritas y alitas de pollo. Mantenías soñando con ese lugar.
Después volviste a Colombia y mis recuerdos son de la gran atención que me brindaste cuando viajaba a Armenia. Nos sacabas a pasear, te preocupabas de que estuviera bien, eras el mejor anfitrión padre que cualquier hijo pueda tener.
Y también me acuerdo de los viajes para acá. Cuando nació Juliana, me acuerdo mucho de esa gran alegría que te dio cuando la viste por primera vez. Para mi fue algo muy importante que hayas podido estar aquí. Siento que no hayas podido conocer a Daniel en persona, casi lo conoces, teníamos todo preparado para tu llegada, yo te iba a ir a buscar a Los Angeles y me tome unos días libres para poder ir a buscarte a los Angeles y recordar los tiempos pasados cuando viajamos en épocas anteriores. El plan era ese, pasarlo padre e hijo juntos quizás una ultima vez aquí en Estados Unidos, tal vez tu sabias que podías no volver, no se pero nunca dude en que podíamos compartir un recuerdo en esa ciudad, eso en parte me hizo sentir tu muerte muy fuertemente, yo tenia la nostalgia de esos tiempos en que estuviste aquí y cuando recorrimos California y acampamos cerca de la playa. Cuando fuimos a Disneylandia y tú gozaste tanto, como si nos volviésemos niños otra vez, compartiendo y disfrutando la vida. No pudimos repetir eso, todavía me afecta mucho, pero quiero que sepas que me da mucha felicidad el pensar que nos mantuvimos en contacto por teléfono casi hasta el día de tu muerte, y lo mas lindo es que estábamos bien, ningún problema, cuando hablamos tu querías saber de mi y mi familia y siempre me preguntabas si era feliz por que me decías que eso era lo mas importante en la vida, ser feliz. Yo también pude hablar contigo cosas como lo de tu salud y como te sentías, y eso me ayuda mucho, supe que estuviste feliz hasta el ultimo momento, de echo me dijiste en una conversación unos días antes de tu despedida final, que te sentías feliz de haber podido haber echo ese viaje a China, que alegría que estuviste feliz antes de tu partida, no tuviste que hacer diálisis, no quedaste en una cama sin poder moverte, llegaste al final de el camino en un forma que tu hubieras querido, con bonitos recuerdos. Yo por mi parte quede sin poder verte después de algunos años, pero me queda el recuerdo cuando nos vimos la última vez que fuimos a Colombia.
Papa, te deseo un feliz cumpleaños, y aunque se que no estas aquí nuestro recuerdo te acompaña y nunca vas a morir en nuestros corazones, estas vivo como nunca, tu recuerdo vive en nosotros.

viernes, 12 de octubre de 2007

La Canción de Emilio - Vista de Amor



Vista de amor

¿Cuándo es que te veo más, querida?
¿Cuando en la luz los espíritus de mis ojos
Ante tu cara, sus altezas, solemnizan
La adoración de ese Amor a través de ti conocido?
¿O cuando en las horas de crepúsculo (nosotros dos solos,)
Nos besamos, y elegante de respuestas quietas
Tu brillante cara, por media luz ocultada, está,
Y mi alma ve solamente tu alma el suyo?
¡O, amor, mi amor! ¿Si yo jamás veré a ti misma,
Ni en la tierra la sombra de ti,
Ni imagen de tus ojos en la primavera, —
Entonces que tan fuerte sonaría en la ladera obscureciendo de la vida
La tierra-giro de las muertas hojas de la esperanza?
¿El viento del ala inmortal de la muerte?



Lovesight

When do I see thee most, beloved one?
When in the night the spirits of mine eyes
Before thy face, their alter, solemnize
The worship of that Love through thee made known?
Or when, in the dusk hours (we two alone),
Close-kiss’d, and eloquent of still replies
Thy twilight hidden glimmering visage lies,
And my soul sees thy soul its own?
O love, my love! If I no more should see
Thyself, nor on the earth the shadow of thee,
Nor image of thine eyes in any spring,—
How then should sound upon Life’s darkening slope,
The ground-whirl of the parish’d leaves of Hope,
The wind of Death’s imperishable wing?

jueves, 11 de octubre de 2007

"La Paz" Interpretada por Andrés

La Paz

Tiene derecho el Hombre a la ternura,
a la materia de su cuerpo erguido,
al cielo, siempre azul, al propio nido,
al espacio total de su estatura.

Tiene derecho a vino y levadura,
a camino viajero y al perdido,
paraíso de sueños que ha vivido,
tiene, también, derecho a su locura.

Tiene derecho al hijo y a su suerte,
a morir cuando quiera con su muerte,
a su miedo, a su grito, a su pecado.

Pero tiene, además, en su agonía,
el derecho a la paz de cada día,
a la paz que el destino le ha negado.

Guillermo Sepúlveda

Summer Trials (From Emilio's Room)

Summer Trials, Sorrow und Death

The roar of the engine and the taking off of the plane were like the endings of one life and the beginning of a new one. My grandfather was dead, and I had to make the journey to Colombia. Family was what was most needed in this time of unexpected crisis, and that familial comfort was exactly what I was going to get out of it. There was more to it, though. The death of my grandfather, having taken place thousands of miles away in China, left me with the feeling of unreality. I was unable to contemplate a life without him and unable to accept that he was really dead.

The airplane’s thunder crashed on as we drove steadily but surly toward our destination. As far as I was concerned, the death of my grandfather had taken place, for all I knew or felt, in an alternate universe; and no matter that we got closer and closer to our final destination, I never felt any closer to the reality of his death.

Hours and hours of travel: for you see, we travelled from Arizona to Houston; and from Houston straight to Cali. When the airplane landed there were shouts from the back of the plane “¡Que viva Colombia!” “¡Que viva!” and then everybody began to applaud. Even I did.

We got all of our suitcases off the carousel and went to go see if my father was there for us yet. I spotted my father first as he waved to us. We all went to him and my uncle hugged him. From there, after we loaded the suitcases into the car, my father drove us in three hours to Armenia. The drive was long, and we all almost met our own fates on that road. Night-time in Colombia is dangerous, especially when there are people willing to put other people’s lives’ in danger the second their truck-tires hit the highway.

At last we stopped at the house of my uncle’s wife’s mother, and there my uncle’s wife, Angélica, stayed the duration of our two week visit, along with their daughter and son, Juliana and Daniel respectively. We moved out all her stuff and gave it to the others to bring in. We sat and enjoyed conversation. The sense of unreality all around me now, though the friendliness of the atmosphere was not dampened.

After the supper, my father drove us to the apartment that had, before his death, belonged to my grandfather. “Fuck. Que lastima que el papá no esté aquí,” said my uncle. He had spoken exactly what I’d been thinking. It was such a shame, I thought, that my grandfather was no longer living in this apartment. When I first came to Colombia, I was nine-years old; even then he was living in that apartment. That place was his sanctuary. It was where a good part of his life had been spent; though now, it was hollow. So hard to imagine in my mind a place where there was once so much happiness was now vacated. It could not bring the same joy it used to, for the man who made the place what it was was no more.

We took our bags and went up the stares and opened the door into my grandfather’s apartment, #302. I felt as though I were invading a sacred space that I had no right to. There, even in the dim light, I knew that everything would be just as he’d left it: Meat in the freezer, condiments in the fridge, spaghetti noodles in the cupboards. His television set still in the corner on top of a shelf. Trinkets, knick-knacks, and souvenirs from his life sat on a higher shelf. The table in the dining area was as he’d left it. Not a thing missing. Except for my grandfather.

We were assigned rooms: My uncle in the small room which seemed to have been converted into a small library, and I in my grandfather’s old room. I walked into that room as I walked into a dream: everything as I’d remembered it. I had travelled once, more recently, to Colombia in June of 2005 and again in February 2006. I had seen my grandfather’s room before, and nothing had been drastically changed between that time and this time: He still had the little dresser on the wall opposite the foot of his bed full of odds and ends. I opened up his closet and there were all his pants, suits, and jackets ready for him, expecting that at any moment he would walk through the door to his room and say, I’ve gotta’ be down to the university to teach in half an hour. I need to get ready now, I’m very late!

The night had been an ordeal in itself, and every breath I took felt as though it were feeding me more of the same unreality that I had found unacceptable, unpalatable.

That night, my uncle and I were hungry, for we hadn’t had any dinner, so we got out some of the pasta and ate that with barely anything, maybe a pat of frozen tomato sauce that we had to melt with the heat of the spaghetti. Still we managed to get by, though we didn’t get to bed until around three o’clock in the morning.

The morning after we arrove, my uncle and I both awoke late. We showered, got dressed and went to go have lunch at Angélica’s parents’ house. I enjoyed the natural scenery. Truly, if there were a place that God had intended to be paradise, it was the city of Armenia. One need not have even been living in the countryside in order to see how beautiful everything was. The sunsets and the tall, rolling hills filled one with a longing known only in dreams. This place was special. This is where people come when they die; a veritable heaven on earth.

I discovered that evening that a Mass that was going to be held on honour of Angélica’s late grandmother at seven that night. After having to wait a time for everybody to be ready, the wives, the children, and my uncle Álvaro, were packed into a car and headed to the small church. I was left to walk there with Angélica’s brother and his wife. We made it just as the Mass was commencing. The sermon was beautiful, and so were the prayers and the singing were exquisite. At the end, the preacher told us to give each other a sign of peace, so we all shook hands and said as we did so, “Peace be with you. Lord be with you.”


Queridos hermanos y Sepúlvedas en general, Emilio me envió esta colaboración para el blog con la intención inicial de traducirla, sin embargo, pienso que debemos disfrutarla en el idioma original, al fin al cabo creo que todos nosotros somos bilingües en mayor o menor medida. La habitación de Emilio:http://tarot86.livejournal.com/6190.html
Diego.

martes, 9 de octubre de 2007

Verónica

Aunque no estoy seguro de que este blog sea muy visitado por los hermanos, supongo que es un buen lugar para poner a disposición de todos alguna información que probablemente no conozcan o conozcan fragmentariamente sobre el papá. Se trata de información pertinente para el que quiera saber algo más de él antes de seguir precisando el lugar que ocupará en los recuerdos de cada uno. Siento que tengo una responsabilidad especial de brindar esa información y no puedo eludir la sensación de que sencillamente debo hacerlo.


Aunque tengo muchos recuerdos de infancia del papá, hay uno particularmente fuerte y (finalmente) doloroso.

Creo que yo tenía siete años cuando el papá me llevó a un paseo raro: subimos las escaleras de un edificio viejo y llegamos a la puerta de un apartamento de donde salió una señora y una muchacha muy joven. La señora me miró con atención. No recuerdo mucho más, pero recuerdo que el papá al salir me preguntó si me había parecido bonita la muchacha y yo le dije que sí. Efectivamente me había parecido muy bonita. Un tiempo después encontré a mi mamá llorando y le pregunté por qué lloraba y me contestó: “porque tu papá quiere a otra mujer”. No pregunté más, pero poco a poco fui asociando esos dos hechos. Mucho después, ya en Colombia, unos años antes de morirse, el papá me habló de Verónica.

Entre otras cosas, me dijo que él se había enamorado de Verónica y que en algún momento tuvo que decidir entre organizarse con ella o seguir con nosotros. Verónica quería organizar su vida y, según parece, después de mantener una relación amorosa de años, le dijo que se iba a casar, le dio la fecha y hora de la ceremonia, y le dijo que si él llegaba en el momento del matrimonio y le decía que prefería estar con ella, dejaba a su futuro marido y se iba con él. Me contó el papá que ese día decidió emborracharse hasta perder la conciencia, para no tener la tentación de llegar a la ceremonia. Sin embargo, creo que hubo algo adicional a la borrachera que le ayudó a “soportar la tentación”: el contexto social y político chileno en el que el papá se había vuelto ya un actor bastante ocupado y que absorbió finalmente todo su tiempo, su inteligencia y sus esfuerzos.

Este proceso fue algo decisivo en la vida del papá, en la vida de mi mamá y de los hermanos hijos de ambos. Pero eso que pasó definió también la misma venida al mundo de los tres menores, que nacieron después del golpe militar. Por eso le quiero dedicar un tiempo a contarle especialmente a los menores, pero también a los demás (porque estaban muy niños para captar bien lo que pasaba), lo que yo sé de ese proceso y de la participación del papá ahí. Es una historia larga y necesito pensar un poco las cosas, así es que no empiezo todavía.

En cambio, sí puedo hablar un poco más de Verónica.

Hace unos años recibí un correo electrónico de una mujer preguntando si yo era Jaime Sepúlveda, colombiano que había estado en Chile en la época de Allende, o que si sería “un alcance de nombre”. Yo lo respondí diciendo que quizás se trataría de mi papá, y le dí el correo de él. Después me enteré que o era Verónica o era alguna persona cercana que finalmente los terminó poniendo en contacto.

Aunque no hablamos mucho al respecto, varias veces el papá me hizo comentarios sobre su reencuentro con Verónica. Fue para ellos un regreso a la juventud. La reaparición del papá produjo en Verónica una crisis familiar que terminó en su separación y en la posibilidad real de que se fuera a vivir con el papá. Varias veces el papá me hizo comentarios respecto al peso y a las consecuencias de diverso tipo que esa decisión podría tener. Lo pensó muy en serio: ahora podía explorar el camino amoroso al que renunció en la época de Allende. Se encontró varias veces con ella, en Argentina y en Chile, y la trajo a Colombia y la presentó a sus amigos (y a mí). Estuvieron en Ecuador y en Brasil. Posteriormente planearon una excursión a la India que el papá tuvo que cancelar por problemas de última hora y al momento de su muerte tenían comprado un pasaje al África.

De acuerdo a lo que puedo interpretar de los comentarios del papá, ellos finalmente no se fueron a vivir juntos por las dudas y vacilaciones de él. Verónica habría esperado una actitud decidida de compromiso y entrega de parte de él, y cuando él vaciló, ella comenzó a retroceder. Las razones de sus vacilaciones fueron de diverso tipo. Para el papá establecer una relación de compromiso y fidelidad era de cierta forma renunciar a su libertad y autonomía, que para él eran fundamentales. Y esa libertad se afirmaba entre otras cosas en la posibilidad real de establecer relaciones amorosas con otras mujeres. Por otro lado él estableció unos vínculos muy fuertes e importantes para él con sus hijos, y una relación de entrega con Verónica habría implicado poner algo de distancia en este vínculo. Además, una convivencia con Verónica en Armenia habría significado, por una parte, una responsabilidad grande de él de sacarla de su entorno y seguramente la obligación de dejarle su pensión. Al respecto me dijo muchas veces que quien tenía derecho a su pensión era la persona que lo había apoyado durante treinta años, sin condiciones ni límites —mi mamá—, y no quería que hubiera riesgo de que ella la perdiera. Pensaba en otras formas de cuidar por el futuro económico de Verónica en caso de vivir juntos (algún seguro, etc.), pero no encontraba algo muy contundente.

Parte de lo que constituye la libertad real es tener varias opciones verdaderamente distintas en cada momento de la vida y el papá procuraba siempre tener un buen número de posibilidades a la mano. Yo creo que él jamás descartó la posibilidad de convivir con Verónica: en Chile (para no arriesgar el derecho de mi mamá a su pensión en Colombia y renunciando a vivir en un entorno de “tentaciones amorosas”), en unos años. Verónica volvió con su marido pero eso no impidió su contacto con el papá ni como dije su plan de ir juntos al África este año.

Después de la muerte del papá tuve un intercambio epistolar con Verónica y me contó algo de su historia. Entre otras, sobre cómo conoció al papá:

Esta historia comenzó un día 14 de Agosto de 1966, yo estaba terminando la secundaria en Chile y Jaime era profesor en la Universidad, tenía 31 años. Yo fui a unas charlas que el daba en Extensión Universitaria sobre filosofía, yo iba con un amigo Elías Tuma que Jaime debe recordarse de él, ahora es profesor en la Universidad Tecnica Santa María de Valparaiso. Al principio para mi no fue nada especial pero se ve como dicen en Chile el me echó el ojo, o sea le gusté.

Yo necesitaba hacer un trabajo sobre marxismo y le pregunté, me citó a un lugar donde daban clases en las Torres de Tajamar, y ahí en un momento con "la chiva" de que tenía una mugre en el ojo me dio un beso.

Salimos de allí y charlamos yo le pregunté su estado civil y me dijo casado pero separado, yo le dije para mi un hombre casado es un hombre muerto, pero como dicen que la boca castiga me enamoré perdidamente de el, al igual que el de mi.

Y también sobre el último año:

Nuestro último encuentro fue en noviembre del año pasado, estuvimos en Los Glaciares, y a pesar de los años que habían pasado y que ya algunos problemillas habían surgido, fue una luna de miel, el renacía como el ave fenix, y volvia a ser joven "arrecho" creo que era la palabra que usaba el, y volviamos ambos a los 20 y 30 o a los años 70.


Estaba maravillado con Los Glaciares, parecía un niño chico. Claro que le gustaba comer de todo y ese era un motivo de problemas porque me decía "mijita o mija dejame que yo se", yo le decía no quiero que te mueras por eso te cuido con las comidas, pero era dificil.

Nuestra relación a pesar de los altibajos del ultimo tiempo, porque yo decidi arreglarme con mi marido porque necesito un compañero con quien compartir cuando me acuesto, por la mañana, y quien mejor que el padre de mis hijos. Jaime siempre me decía yo me voy a morir luego y no quiero que te quedes sola. Creo que tenía razón. Además el tenía mucho miedo a la convivencia, el estaba separado hace 20 años viviendo solo y es dificil la convivencia. Quizás si nos hubiésemos juntado al principio hubiésemos fracasado y en estos momentos no tendría los maravillosos recuerdos que ahora tengo.

Pero a pesar de todo yo había decidido seguir charlando con el y hasta el ultimo momento mientras estuvo en Colombia teníamos interminables charlas, en las cuales no faltaba la linea hot, ya que para el, escuchar mi voz era una incitación al pecado, y disfrutaba de eso, lo cual me tiene muy contenta ahora, murió sabiendo que yo lo amaba, que viajaríamos juntos y que lo nuestro solo terminaría con la muerte.

Bueno que mas queda, quizás mucho por contar, nuestra pelicula favorita "Los puentes de Madison" y el libro favorito "El amor en tiempo del colera", y la musica que nos gustaba a ambos. Hacer crucigramas en la cama.


Aunque no pertenece a esta narración, creo que debo decir que cuando niño supe de Verónica sin saber que era ella, en la forma de roces y problemas de pareja de mis padres antes del golpe militar. Es un recuerdo doloroso. Y sin embargo fue una relación de amor y no significó que mis padres dejaran de quererse. Para mí fue un problema importante para pensar: ¿por qué el amor tenía que generar dolor? ¿por qué tenía que erosionar, resentir, dejar heridas abiertas? Al principio sentí que en realidad (en el mundo) no existía el amor de verdad; algo así como que el pretendido amor era un instrumento para obtener algo, para posar, para engañar. Que en realidad lo que uno buscaba era el placer, el poder, etc. Después me fui dando cuenta de que el amor sí estaba allí, detrás del dolor y la agresión, del poder y el interés. A veces como perro apaleado. Y en este lugar tendría que venir una disquisición sobre cuál es la sociedad en la que vivimos, qué tipo de relaciones familiares la sostienen, y qué ecosistema se desarrolla para la supervivencia o extinción del amor, etc. Es decir, hasta aquí llega este episodio.